Sobre el periodismo: la crisis, una oportunidad

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El periodismo, como el propio sistema en el que vivimos, está sufriendo un cambio de ciclo. A lo largo de la historia, la aparición de la imprenta, la radio, la televisión, han obligado a la profesión a adaptarse a las nuevas formas de comunicación. Con Internet, el periodismo no sólo debe adaptarse al nuevo medio, sino también al cambio de paradigma que supone las características de la Red. Un sistema universal, económico, libre y sencillo en el que el viejo receptor de información adquiere la capacidad de opinar, comentar, criticar o aportar su visión de los hechos. El reto de la información multidireccional.

En los últimos años, el principal debate abierto en el mundo empresarial de la comunicación es el de cómo modernizar el negocio para que sobreviva en el mundo actual con el modelo de negocio tradicional. Se discute sobre si desaparecerá el periódico de papel, sobre el negocio de la publicidad, la disminución de espectadores de televisión frente al aumento de los usuarios de internet, la aparición de las redes sociales, la inmediatez de las comunicaciones gratuitas por la red, la aparición de los blogs y sobre todo, la dificultad de mantener un negocio dentro de un soporte libre y gratuito como supone internet.

¿Cuáles son los retos que deben afrontar los medios de comunicación tradicionales para su subsistencia? La respuesta es evolución: modificar los formatos, los mensajes, adaptarse a las nuevas exigencias de los jóvenes educados ya con las nuevas tecnologías y que buscan soportes más interactivos, sin olvidarse de los verdaderos clientes que son las personas de mayor edad, que también están demandando nuevos servicios de comunicación adaptados a los tiempos actuales.

Los empresarios que los aborden pensando de cara a diez años se podrán equivocar, pero tendrán una oportunidad de supervivencia. Los que no lo afronten y solo piensen en cuadrar el balance del año están abocados a esperar a que los nuevos productos y por lo tanto las otras empresas que los desarrollen triunfen y se consoliden.

Sin lugar a dudas, el periodismo de calidad peligra: los “mass media” han acelerado la “mercantilización” de la información, que ha pasado de ser un derecho de la Opinión Pública a un producto que se compra y se vende, con todo lo que conlleva: el aumento de la rentabilidad de un medio puede traducirse en el encarecimiento de la calidad de la información. Las consecuencias son: la desaparición de la corresponsalía (demasiado costoso de mantener), el aumento de la información obtenida a través de las Agencias de Noticias, el incremento de los espacios dedicados al ocio o al consumo de masas en detrimento de los temas relevantes para la sociedad... la lista es infinita.

Pero lo relevante es que este nuevo ciclo que empezamos es una nueva oportunidad para renovar la profesión. Los jóvenes periodistas que salen ahora de las universidades se enfrentan a una situación traumática: vivimos en tiempos de cambio, la crisis económica golpea con fuerza a los más precarios, asumimos que son los momentos menos propicios para entrar en el mercado laboral y aún así, arropados por ese sentimiento de indignación, surgen personas y medios que intentan demostrar que otro periodismo es posible.

La aparición de los cables de Wikileaks protagonizó las portadas de los cinco periódicos más influyentes del mundo. Entre todos pactaron cuáles eran las información que debían dar de forma totalmente transparente y cual debían filtrar porque ponía en peligro la seguridad de un inocente. El periodismo es exactamente eso: profesionales que consultan diferentes fuentes, contrastan, seleccionan, contextualizan, redactan y publican en un determinado periodo de tiempo. Requiere formación y experiencia.

No todos podemos ser periodistas y no todos los periodistas pueden ejercer su trabajo. Entre las denuncias que los periodistas promueven durante los últimos meses se encuentra la iniciativa #sinpreguntasnohaycobertura que intenta visualizar y erradicar las comparecencias públicas que no admiten réplicas. También la iniciativa necesaria que surge con el movimiento 15M llamada #periodismorealya, formada por profesionales indignados por el desprecio a su trabajo, la precariedad del becario, la desaparición de las corresponsalías, la politización de los medios, la prejubilación de los mejores profesionales, los despidos masivos y en definitiva, las penurias que sufre el periodismo en tiempos de crisis, tanto externa como internamente.

El periodismo debe reinventarse a si mismo. Debe ejercerlo profesionales comprometidos e independientes. Dentro del panorama nacional, encontramos periodistas y medios de comunicación que están sobreviviendo con un modelo de negocio diferente. Un ejemplo es Periodismo Humano, que sólo con su edición digital ha conseguido ser reconocido y valorado dentro del panorama mediático actual. Son ejemplos que pueden motivar a futuros periodistas y revitalizar esta profesión que sufre durante los últimos tiempos muy mala reputación entre la ciudadanía. En absoluto ayuda, valga decir, el último escándalo de las escuchas ilegales del desaparecido tabloide británico 'News of the World'.

Después de leer numerosos artículos sobre el futuro de la prensa, me gustaría recoger dos ideas que considero prioritarias para mantener la responsabilidad ética que caracteriza al periodismo: la primera, invertir en periodismo de investigación. Lo que diferencia al periodismo mediocre del verdadero periodismo es la forma en la que se ha obtenido la información. No hay más que seguir un acontecimiento durante un periodo de tiempo en varios periódicos para saber de qué pie cojean. Los corresponsales, por ejemplo, suelen repetir los mismos clichés y se basan en informaciones de agencias, ya que no siempre tienen acceso al lugar donde se producen los hechos. Quedan algunos periodistas que, a pesar de no conocer todo el entramado del conflicto, acceden mejor a la información trascendente porque saben cómo y con quien moverse. Los periodistas especializados, con numerosos contactos sobre el terreno, tienen más posibilidades de hacer periodismo de calidad. Por tanto, más fidedigno será el periódico y más peso tendrá para la opinión pública.

La segunda es una crítica. Con más frecuencia percibimos en los medios una invisibilidad del factor humano en las informaciones. Esta tendencia parece incrementar el número de declaraciones de actores públicos en detrimento de los verdaderos afectados. Esta progresiva invisibilidad se manifiesta, por ejemplo, en la tardanza de los medios de comunicación españoles en publicar información sobre las movilizaciones del 15M. Cuanto más espacio dedicamos a lo que no interesa a la ciudadanía, menor representatividad tendrá el medio de sus lectores, que irán trasladándose paulatinamente a otros medios que sí apuesten por informar de lo que verdaderamente preocupa.

Por último, otro problema característico de la prensa española es el sectarismo. Algunas cabeceras de los periódicos de tirada nacional, fuertemente politizados, sirven como arma arrojadiza a los partidos políticos con la misma afinidad ideológica. El ámbito político se desplaza al ámbito mediático, arrojando informaciones sesgadas de la realidad que van deteriorando no sólo la percepción de la realidad de los lectores, sino de las propias ideologías que defienden. Muchos lectores seguidores de determinado medio son conscientes de que esa información está escrita por personas afines a sus convicciones y no desean informarse desde otra perspectiva contraria. Los lectores más experimentados y conscientes de este sectarismo mediático han seleccionado otras fuentes de información más fiables e independientes.


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