La revolución siria: diez meses de gestación histórica

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“La primera vez que grité libertad fue la primera vez que me sentí dignificado”, escribe en Twitter el activista sirio conocido como Alexander Page. Para los que son simples espectadores, las aspiraciones de los sirios son papel mojado bajo la tiránica dirección de Bashar. Sus incursiones armadas contra la población civil hacen pensar en la imposibilidad de que el movimiento democratizador triunfe y se consolide.

Se olvida que el proceso revolucionario que comenzó el 15 de marzo en la ciudad de Daraa no sólo pretende derrocar al régimen, sino establecer las bases de una unidad nacional. El rancio antiimperialismo y la mera lealtad a los ideales del partido Baaz privaron al pueblo sirio durante cuatro décadas de su auténtica identidad. A pesar de la incertidumbre que asola nuestros corazones, durante estos diez meses de intensa resistencia hemos sido testigos del empoderamiento de una ciudadanía oprimida.

Una nueva Siria se ha ido gestando entre gritos de protesta y derramamiento de sangre. La Siria incipiente se caracteriza por:
1)     El reto del movimiento no violento frente a la represión
2)     La superación del miedo como camino hacia la dignidad
3)     El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico 
4)     El empoderamiento ciudadano frente a la censura 
5)     Una nueva percepción sobre quienes son los enemigos y los aliados


1) El reto del movimiento no violento frente a la represión

Estos videos se grabaron el mismo día, el 18 de abril del 2011, en la ciudad de Homs. En el primero una multitud clama a pleno día por la caída del régimen. Es un día caluroso y los entusiasmados manifestantes se riegan de agua unos a otros. Lo único que tienen en la mano son botellas de plástico. Gritan que son silmie, es decir, pacíficos y sus caras irradian felicidad. En el segundo video, horas después, la plaza del reloj nuevo está casi desierta y los ruidos de los disparos son atronadores. Varios manifestantes corren entre las balas. Se vuelven a escuchar los mismos lemas y el cámara se ríe, pensando que los tiros no los silencian. Es el sabor de la libertad. Pagó con su vida ese atrevimiento. Lo mataron cuatro meses después; pero su testimonio no morirá nunca.



2) La superación del miedo como camino hacia la dignidad
Partidarios de la familia Assad en Homs. / Laila Muharram
“Revolution, revolution”, gritó Abu Jaled frente a la televisión del salón de su casa. Las imágenes reproducían nítidamente la plaza Tahrir colmada de manifestantes que celebraban eufóricos la caída de Mubarak. “No grites que nos oirán los vecinos” dijo Nura, su mujer. Abu Jaled reprimió su alegría y cerró la puerta de la terraza. Viví esta escena en Homs aquel 11 de febrero histórico. Mientras los ojos del mundo entero estaban pendientes de los egipcios, yo observaba con ansiedad la reacción de mis vecinos.

El miedo ha sido el arma más poderosa del régimen sirio. Los servicios secretos, la temida mujabarat, ostentan una red de informadores presentes en todos los espacios públicos del país. Quienes atentaban contra “el orden público” eran inmediatamente detenidos o torturados en el peor de los casos. Nadie se arriesgaba a opinar delante de personas que no conocía,  ni siquiera de las que conocía. También inspiraban temor las historias sobre la masacre de Hama. Terror a que la barbarie se repitiese. Tenían razones suficientes para creerlo. Y sobre todo, persiste aún el miedo al cambio, a que los próximos dirigentes inciten al odio sectario y a la sed de venganza.

A partir de 15 de marzo, la esperanza desafió al miedo y miles de sirios, cansados de esperar reformas políticas que no llegaban nunca, salieron a la calle en solidaridad con sus hermanos de Daraa. Vencer el miedo ha sido la sentencia de muerte de más de 5.000 sirios hasta la fecha, sin contar los desaparecidos, detenidos o torturados, pero también el único camino posible para vencer a la dictadura y recuperar la dignidad. Hoy Abu Jaled no susurra en el salón de su casa, sino que grita en la calle junto a miles de personas como él.

3) El despertar del pueblo sirio del letargo ideológico

 

Aquel terrible 18 de abril yo misma grabé estas imágenes. La escena es paralela a lo que está ocurriendo en la plaza del reloj nuevo. Algunos jóvenes que volvían de manifestarse participaron en esta protesta espontánea. Gritan: “Bashar, traidor, lleva tus soldados al Golán”.

La dictadura ha hecho un increíble daño a la identidad del pueblo sirio. El enfoque antiimperialista se granjeó la simpatía de quienes preferían malo conocido que bueno por conocer. El ideario político fiel al régimen corrompió las verdaderas aspiraciones de los sirios. La principal preocupación era preservar la estabilidad del país y basaron las estructuras del estado en la seguridad. Las amenazas externas eran más importantes que las reformas internas. La dinastía Assad presumía de su enemistad con Israel pero no protagonizó ni una sola incursión militar para recuperar los Altos del Golán. La terrible paradoja es que no ha dudado ni un sólo momento en usar el ejército contra su propio pueblo.

Durante estos diez meses de gestación, Siria se consume como el ave fénix para volver a empezar. La nueva nación libre sólo sobrevivirá gracias a la colaboración de la mayor parte de los grupos sociales, que formarán la nueva identidad nacional. Es la única solución que garantizará la transición hacia la democracia: sin violencia y sin miedo.

4)El empoderamiento ciudadano frente a la censura


Giath Matar repartía flores a los soldados. La voz de Qashush y su canción “Vete Bashar” se convirtió en el himno de la revolución. Los nombres de los mártires sustituyen ahora los nombres de las calles donde fueron asesinados. Se colocan publicaciones clandestinas en las puertas de las casas. Se tiñen de rojo las fuentes de Damasco en homenaje a los mártires. Los activistas encontraron en Internet el medio por el que difundir las ideas que no podían expresar en público: convocan manifestaciones cada viernes con nombres diferentes que intentan trasladar las exigencias del pueblo al ámbito internacional, fabrican pancartas, graban videos de la represión, hablan a los medios internacionales...

Difícilmente podremos olvidar este año quienes, a pesar de vivir inmersos en una pesadilla, nos sorprendíamos de la capacidad de sacrificio y resistencia de quienes diariamente veíamos morir. La prohibición de la entrada a la prensa internacional en el país fomentó el periodismo ciudadano que ha sido fundamental para demostrar las atrocidades que comete el régimen. La censura ha dejado de ser un obstáculo y la red social es la herramienta más frecuente para transmitir y adquirir información.

Las nuevas formas de comunicación son la ventana al mundo por el que nos asomamos para hacerles saber que no están solos.

5)Una nueva percepción de quienes son los enemigos y los aliados

Un nuevo paradigma internacional se abre paso tras la primavera árabe. A pesar de la clara violación de derechos humanos, Nasrallah de Hezbolá se ha mantenido fiel al régimen a costa del sufrimiento del pueblo sirio. El líder chií era admirado y respetado por su enfrentamiento con Israel, algo que interesaba a Bashar, que le suministraba armamento. Mientras Hezbolá desafiaba abiertamente al enemigo, el sátrapa utilizaba los acontecimientos para confortar a un pueblo humillado tras la ocupación de los Altos del Golán. Además, al régimen le interesaba distraer a los sirios con asuntos del ámbito internacional para que no reaccionaran ante las injusticias que él mismo cometía contra su pueblo. Otra de las razones que esgrimía para mantenerlos a raya era que sus vecinos, en especial Israel, eran países beligerantes y que por eso tenían que gastar grandes cantidades del presupuesto en la seguridad del estado, obligando a retrasar las reformas prometidas.

Tras comprobar el doble rasero de Nasrallah, que apoyaba las revoluciones árabes en todos los países menos en el que no le interesaba, el pueblo sirio se desengañó de aquel matrimonio de conveniencia. Lo mismo ha ocurrido con Irán, país que no tiene ningún reparo en administrar armamento a su mayor aliado en la región para ahogar el levantamiento. Dos años antes, él mismo contuvo la insurrección ciudadana, la llamada marea verde, como consecuencia del fraude de las elecciones que renovaron la permanencia en el poder a Ahmadineyad. A Teherán le interesa que la revolución siria no triunfe porque perdería a su mejor socio y además, se arriesgaría a que una nueva revuelta sacudiera las bases de su propio estado.

Por otro lado, partidarios de la ideología de izquierda respaldan la versión del régimen y atribuyen los asesinatos a un complot orquestado por agentes de la CIA, Israel, Arabia Saudí y Qatar para derrocar a Bashar. En especial, sectores de la izquierda española se dedican a desprestigiar las informaciones que recogen tanto los activistas sobre el terreno como los corresponsales que se atreven a entrar en el país. El argumento recurrente es afirmar que los organismos internacionales sólo denuncian a los países contrarios a Occidente, mientras que otros países como Bahrein caen en el olvido. Este ejercicio de libertad de expresión enriquecedor contrasta con las prácticas de los países que defienden, como Siria, donde activistas como Razan Ghazawi y Hussein Ghrer o caricaturistas como Ali Ferzat han sido arrestados o torturados recientemente. Sin duda, la comunidad internacional debería responder rotundamente en todos los casos de fragante violación de derechos humanos, pero ni siquiera actúan en los casos donde, según la izquierda, “les interesa”.

Ni la Liga Árabe ni Occidente han conseguido detener la ola de violencia. Bashar juega sus cartas al tiempo que barre las protestas y se erige asimismo como el único gobernante que puede mantener estable a la nación. Los últimos atentados en Damasco, cuya autoría despierta recelos entre la oposición, generan dudas sobre el éxito de la insurrección ciudadana y confirman las sospechas de que Bashar prefiere hundir el país que abandonar el poder. Pero quedan motivos para la esperanza. Es cuestión de tiempo. La nueva Siria tiene que nacer.



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